Tres veces tres. Osea, treinta y tres
La parte buena de todo es que uno va tomando consciencia de lo pequeño que es en comparación con el exterior. La primera vez que vi una nube de tormenta supe lo que era ser ínfimo. Ahora tengo más edad y veo más lejos. Me siento más pequeño todavía. A este paso desapareceré antes de cumplir los 50. Me perderé de vista, no podré encontrarme.
Bueno, al menos podré decir que he estado aquí, aunque no haya servido de demasiado. O tal vez sí, no lo sé. No sé lo lejos que llegarán las ondas que creo a mi paso, y eso me reconforta y me asusta a partes iguales.
Lovecraft, en su paranoia y en su enfermedad, tuvo consciencia de esta verdad absoluta: toda sensación de control es algo efímero y en todo caso irreal. El mundo exterior siempre va a estar ahí, misterioso e inconmensurable, incomprensible y terrorífico.
Solamente se tiene control sobre uno mismo, y ni siquiera sobre todas las parcelas sino sólo sobre unas pocas. No puedo controlar que mi corazón siga latiendo: lo hace solo, sin que medie voluntad alguna por mi parte. Puedo variar a voluntad la velocidad a la que lo hace, pero ahí acaba mi control.
En fin, ayer fue mi cumpleaños. Otro más. Un día normal a fin de cuentas.
Hasta luego.
1 comentario:
Gracias man.
Sí, es el 24 de Septiembre, no el 26.
En cuanto a lo que dices, ya te contaré despacio cuando nos veamos. Tengo la intención de subir a Barna antes de fin de año, así que espero que nos veamos por allí.
Un abrazo.
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